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Tres años de la muerte de Eva Forest: Eva vive

Rebelión, 19 de mayo de 2010

 

Eva Forest, una mujer revolucionaria Beatriz Morales Bastos

Eva viva Santiago Alba Rico

Eva Forest, in memoriam, in bellum Nekane Jurado

Necesitamos tanto a Eva Luis Alegre Zahonero y Carlos Fernández Liria

Lo último que me enseñó Eva Pascual Serrano

Carta abierta a Alfonso Sastre. Tres años sin Eva, con Eva Irene Amador y Carlo Frabetti

Eva, je pense souvent à toi Michel Collon

 

 

Eva Forest, una mujer revolucionaria 

Beatriz Morales Bastos

Eva Forest fue una mujer revolucionaria, ambas palabras en su pleno sentido. Una mujer que en medio de este mundo de hombres conseguía transmitir, arrastrar, motivar y comprometer a muchos hombres y mujeres para trabajar y luchar, para salir adelante, y con tesón y mil y una ideas geniales lograr objetivos, defender causas, levantar los ánimos caídos, mantener numantinamente contra viento y marea Hiru, su imprescindible editorial.

“Sintió en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo” . Ni un momento de su vida ni en las muchas cosas que hacía cada día dejó de ser revolucionaria. Transmitía y contagiaba inexorablemente su actitud revolucionaria a cuantos estaban a su lado. Fue revolucionaria denunciando la guerra de Vietnam, luchando contra el franquismo y sus aledaños que siguen hasta nuestros días, apoyando la resistencia de los pueblos iraquí y palestino, apoyando entusiasmada a Cuba y los movimientos bolivarianos de América, denunciando la tortura que sufrió en su propia carne además de conocer muy de cerca en los miles de testimonios de torturados en Euskal Herria que estuvo recogiendo hasta el último momento de su vida, denunciando los atropellos casi cotidianos en esta tierra a la que vino a vivir y a luchar por ella a finales de 1977.

Eva Forest nació en Barcelona en 1928 en el seno de una familia anarquista. Su padre consideraba que la escuela era una institución represiva, por lo que no asistió a ninguna hasta que acabó la Guerra Civil española. Su infancia transcurre feliz entre la gran terraza de la casa y el estudio de su padre, pintor. Más adelante irá a Madrid a estudiar medicina. En los primeros años de la década de 1950 experimenta un proceso de toma de conciencia social que se reflejará en una actitud vital de compromiso ético y político que le acompañará el resto de su vida. En 1955, en el último curso de la carrera conoce a su compañero, Alfonso Sastre. Poco después, abandona la medicina y empieza a dedicarse más intensamente a la actividad política: en la década de 1960 su actividad gira en torno al Grupo de Teatro Realista (GTR) en cuya organización y actividades participó muy activamente [1].

En 1966 pasa cuatro meses en una granja de sierra Maestra de Cuba grabando la vida de los campesinos. Este material se recogerá en un voluminoso libro, Los nuevos cubanos, que prohibió la censura y no se publicará hasta 2007 [2].

Durante el Proceso de Burgos en 1970 crea en Madrid el Comité de Solidaridad con Euskadi. A raíz de la muerte de Carrero Blanco en 1974 escribe con el seudónimo de Julen Agirre el libro Operación Ogro (editado en 1974 por Ruedo Ibérico y reeditado posteriormente por Hiru) basado en dicho suceso. El 24 de septiembre es detenida acusada de colaboración con ETA. Pasa casi tres años en prisión preventiva, pero el juicio nunca llegó a celebrarse y sale en libertad el 1 de junio de 1977. En los años posteriores a su salida de la cárcel se involucra más intensamente en su lucha contra la tortura recogiendo testimonios y denunciándolo incansablemente a nivel internacional.

A finales de 1977 la familia decide trasladarse a vivir a Hondarribia. Una vez establecida en Euskal Herria continúa trabajando en contra de la tortura y en 1979 impulsa la creación del TAT, Grupo contra la Tortura. A lo largo de su vida Eva Forest escribió numerosos informes y denuncias de la tortura [3] y una obrita de teatro sobre este tema, Una extraña aventura, Hiru, 2007

En 1990 funda la Editorial Hiru. En una conferencia pronunciada durante los Askencuentros del año 2004, “HIRU, ¿es realmente una editorial”, ella misma hace un pequeño recorrido de la azarosa historia de la editorial y, entre otras cosas, explica: “Queríamos poner al alcance de los que empezaban a ser nuestros lectores, algunos textos fundamentales que analizaran la sociedad neocapitalista que nos estaba engullendo. Recoger análisis puntuales, de aspectos que directamente nos concernían, que aparecían aquí y allá, en la vida cotidiana y que, por el momento nos ayudaran a comprender la gran confusión envolvente. Voces nuevas, que reflejaran la realidad de otras áreas del mundo, que trajeran lenguajes nuevos, que dijeran cosas profundas de una manera sencilla y comprensible, que aportaran sólidos argumentos, desmontando esquemas y tabúes, voces que abrieran perspectivas ensanchando el mundo y dando” [4]. A partir de entonces Eva se dedica intensamente a la editorial sin abandonar su trabajo internacionalista y en contra de la tortura. En 1998 viaja por primera vez a un Iraq sometido entonces a unas férreas sanciones económicas y a un bloqueo criminal a consecuencia de la primera Guerra del Golfo de 1991 [5] .

En parte debido a su labor editorial, durante los primeros años del siglo XXI viaja varias veces tanto a Cuba como a Venezuela, donde conoce de primera mano el proceso bolivariano. Al mismo tiempo continúa con su trabajo tanto de denuncia de la tortura como de concienciación sobre la situación de Euskal Herria. En noviembre de 2002, por ejemplo, presenta en el Foro Social Europeo una ponencia en la que expone ante un auditorio de más de mil personas la situación de EH [6].

El 19 de mayo de 2007, cuando estaba sumida en esa actividad editorial e internacionalista, llegó la muerte a su casa de Hondarribia.

Eva Forest solía decir: “Tenemos el deber de ser felices porque queremos cambiar el mundo”. Seamos, pues, hombres y mujeres revolucionarios, y además, felices.

[1] “Con este teatro queríamos hacer un teatro político, de izquierda revolucionaria, o sea queríamos contribuir con ese teatro a la destrucción del fascismo, lo que ya era una pretensión bien ambiciosa, y en el plano estético queríamos hacer una investigación de las formas del realismo en el teatro”, Alfonso Sastre, http://www.sastre-forest.com/sastree/pdf/grupodeteatrorealista.pdf

[2] El artículo “Una lección inolvidable” (recogido en el libro Cuba, una revolución en marcha. Ediciones Ruedo Ibérico. 1967) recoge parte de su experiencia en Sierra Maestra, http://www.sastre-forest.com/forest/pdf/cuba.pdf

[3] Véase, por ejemplo, http://www.sastre-forest.com/forest/pdf/sobrelatortura.pdf

[4] http://www.sastre-forest.com/forest/pdf/hiruedit.pdf

[5] En octubre de 2003, unos meses después de la ocupación de Iraq, Eva Forest pronunció en IPES esta conferencia sobre la resistencia iraquí http://www.sastre-forest.com/forest/pdf/algunas_reflexiones_iraq.pdf

[6] http://www.sastre-forest.com/forest/pdf/euskalherria.pdf

Beatriz Morales Bastos, traductora de varios libros para le editorial Hiru. Pertenece al colectivo de traductores de Rebelión

 

 

Eva viva 

Santiago Alba Rico

El 20 de mayo de 2007 Simon Peres, asesino de niños, presentó su candidatura a la presidencia de Israel y Condoleeza Rice visitó Madrid, con su guadaña al hombro, para azuzar a España contra Cuba. Luego todo siguió más o menos en el mismo tono. En febrero de 2008 Colombia invadió Ecuador y mató a Raúl Reyes, negociador de las FARC, y a 17 personas más. El 14 de septiembre de 2008 quebró Lehman Brothers, el cuarto banco de inversiones de EEUU, arranque simbólico de la crisis capitalista que sigue rebañando hoy los platos de los pobres. El 17 de septiembre de 2008, el Tribunal Supremo de España ilegalizó otro partido político en El País Vasco. El 14 de diciembre de 2008 el periodista iraquí Muntazer al Zaidi fue encarcelado por lanzar sus dos zapatos al todavía presidente Bush durante una rueda de prensa en la Bagdad ocupada y destruida. El 27 de diciembre de 2008 Israel comenzó el linchamiento de Gaza, desnuda y maniatada, asesinando desde el aire a 1.400 palestinos. El 28 de junio de 2009 el ejército dio un golpe de Estado contra el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, al que secuestró y expulsó del país. En noviembre de 2009, Amnistía Internacional y el Comité contra la Tortura de la ONU reiteraron una vez más su denuncia contra España por las frecuentes torturas y malos tratos cometidas al amparo de la ley antiterrorista. El 12 de enero de 2010, un terremoto de 7,6 grados en la escala Richter recordó todos los golpes que el colonialismo había propinado a Haití y permitió nuevos empujones y abusos. El 26 de enero de 2010 se anunció el descubrimiento en Colombia, rosa de los derechos humanos en América Latina, de una fosa común con 2.000 cadáveres depositados por el ejército unos años antes. Ayer, 18 de mayo de 2010, 25.000 niños murieron de hambre en todo el planeta.

Durante tres años, esta normalidad espeluznante ha mantenido su rutinario traqueteo. Durante tres años han seguido ocurriendo dolorosas ignominias que reclaman nuestra atención y nuestra intervención. Pero hay algo que no ha ocurrido, un no-suceso que el oído avezado escucha, como un agujero afónico, en los bordes o en las costuras de estos acontecimientos, un silencio estrepitoso que burbujea en medio de las injusticias y que nos encoge un poco más el corazón. ¿Qué oímos? Eva Forest no ha dicho nada. Oímos, como un desconcertante sonido nuevo, que Eva Forest calla, desde hace tres años, ante estas atrocidades. No ha lanzado su garganta al viento; no ha enrojecido de ardiente indignación. ¿Es que se ha rendido? ¿Es que no se ha enterado? No. No leyó los periódicos el día 20 de mayo de 2007, en cuyas portadas Simon Peres y Condoleeza Rice afilaban sus cuchillos, porque Eva había muerto el día anterior, el 19, con el cuerpo en Hondarribia y la cabeza en el mundo.

¿Cómo pudo morirse con todo lo que iba a ocurrir, con todo lo que está ocurriendo? Bueno, estas cosas pasan: los humanos nos morimos y a algunos -mucho peor- los matan. Bueno, estas cosas pasan: los muertos siguen viviendo y algunos, mucho mejor, siguen también luchando. Eva murió a los 78 años con toda la vida por delante, con toda la historia -quizás siglos aún de bregas y resistencias- reclamando su intervención. Tenía un cuerpo y lo perdió. No es que eso no fuera nada. Era la condición de nuevos abrazos y de nuevas palabras, y el objeto, ahora ausente, de muchas y dolorosas nostalgias. Pero nadie es tan pequeño que no tenga sino lo que cabe en sus zapatos; nadie es tan avaro que no deje caer algo en el camino. Y Eva era grande y generosa y sacó de su cuerpo, como de un sombrero de prestidigitador, decenas de criaturas, unas físicas y otras intelectuales, que sí leyeron los periódicos el día 20 de mayo de 2007 y que ayer todavía seguían, y mañana seguirán, haciendo ranuras en la historia.

No he contado nunca -y no lo haré ahora, porque me emociona mucho recordarlo- cómo Eva me salvó la vida, o lo que vale la pena de ella, con una llamada telefónica a mi casa de Túnez en el otoño de 1999; ni cómo todo lo que he hecho después -libros, militancias y amistades- procede de algún modo de esa voz. Pero no quiero que se mida la importancia de Eva Forest por lo que hizo por mí o por tantos otros sino por todas esas cosas que podemos compartir y gracias a las cuales, sin cuerpo, Eva sigue luchando en el País Vasco, en Iraq y Palestina, en Cuba y en Venezuela y en Honduras y en Bolivia y en Latinomérica en general.

Eva nos dejo la editorial Hiru, cuyo catálogo no deja de crecer y que es, como ella misma decía, más que una editorial: una familia, un taller de costura, una plaza, un tendedero, una bandera, un tren, un aula, un balcón, una revuelta, una muchedumbre, una linterna y también ese mundo futuro -aquí y ahora- que no acaba de llegar. Gracias a Hiru conocimos en España, entre otros, a Petras, a Chomsky, a Howard Zinn, a Parenti, a Weiss, y pudimos leer al proscrito Alfonso Sastre, sin cuya obra no puede entenderse la literatura, ni aquí ni en ninguna parte, de los últimos 50 años (como casi ninguna otra cosa).

Eva nos dejó también una buena gavilla de libros, algunos por editar, algunos por redescubrir, entre los que no puedo dejar de citar Operación Ogro, a través de cuyas páginas se pueden aprender varios oficios (periodista, escritor, historiador), y esa obrita de teatro dulce y atroz, Una extraña aventura, sombra goyesca de esa tortura que Eva experimentó en su propia carne y contra la que luchó hasta el último aliento de su vida.

Eva nos dejó también su monumental trabajo de campo en la Cuba de 1966, cientos de grabaciones recogidas en Los nuevos cubanos como testimonio de la obra descomunalmente humana de la revolución y como refutación vibrante de todo pesimismo y toda claudicación.

Y Eva nos dejó también -repartido en todos estos hijos de su cuerpo finito- el ejemplo de su generosidad sin límites, de su niñez insobornable, de su cabezonería luminosa, de su justiciero tino anti-imperialista y de su incapacidad -reflejada en esa mirada encendida que flota aún en el aire- para desanimarse, y mucho menos para rendirse: el ejemplo, en fin, de todas las viejas fuerzas siempre nuevas con las que tantos hombres y mujeres, en todo el mundo, después del 19 de mayo de 2007, han seguido y seguirán luchando.

Eva vive. Eva viva. En una conferencia sobre la editorial Hiru (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49593), Eva decía que los trescientos títulos del catálogo, traídos al mundo en partos tan trabajosos, demostraban que “si esto ha sido posible, otras cosas más difíciles lo serán también”. Ese mismo texto acaba recordando que la editorial la sacaban entonces adelante cuatro mujeres, entre las cuales incluía a su compañero Alfonso Sastre. Eva vive. Mujeres de todos los sexos, uníos y seguid su ejemplo.

 

 

Eva Forest, in memoriam, in bellum 

Nekane Jurado

 

“No he de callar por más que con el dedo,/ ya tocando la boca, ya la frente,/ silencio avises o amenaces miedo...”

(Quevedo, recitado por Eva)

Dicen que hace tres años que te fuiste, pero no es así, toda tu menuda y penetrante esencia sigue aquí. Tu pensamiento derramado en miles de folios sigue siendo luz, que no deslumbra cegando sino que alumbra marcando la senda.

Lo que puedo decir sobre ti no llega desde el recuerdo sino desde la presencia. Y en tu presencia callo, escucho, y comparto tus palabras1.

Palabras para los altos mandatarios españoles que ante la ONU siguen negando la tortura y la existencia de presos políticos. “Con la autoridad que me da haber pasado la misma experiencia, miro a las presas y presos políticos de hoy y al comparar con el pasado sé que la situación es bastante más terrible. Están pasando cosas muy graves que muchos no quieren ver, como no quisieron ver en sus momentos los horrores del GAL y se reían. Gentes dóciles y acomodaticias que rehuyen la realidad y siguen, tan tranquilas. Me gustaría llevar a mis lectores hacia las profundas celdas de estos módulos tan especiales, construidos por la democracia, una infernal red de caminos desolados. Un interminable calvario plagado de torturas y de burlas, de jueces y forenses cómplices, de políticos que fingen ignorar y consienten, de agonías y muertes. Quisiera en fin llevarles, al borde del abismo donde tanta aberración ocurre para que, espantados, se hicieran la pregunta ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Cómo es posible permitir tanta barbarie?”

Palabras unidas siempre a la memoria histórica, no porque la desenterrase un juez estrella, sino porque siempre fuiste voz de los silenciados en la historia. “La cólera me crece como un tremendo gigante cuando veo el atropello. Tal vez eso tenga sus raíces en la infancia, en el recuerdo de niños ametrallados por negros aviones en un barrio de pescadores de la Barcelona roja” (..) “Me dijeron que les hablara un poco de mí, pero mi vida está ligada a la historia de mi pueblo. ¿Decirles, a estas alturas, que una mañana fuimos golpeadas por llevar flores rojas al entierro del compañero Patino, obrero de la construcción, muerto a tiros por defender unos derechos pisoteados; o que nos golpearon cuando denunciamos las torturas de los mineros asturianos; o que nos persiguieron como a unos perros por las calles de Baeza el día que quisimos rendir homenaje a un poeta del pueblo llamado Machado; o que recibimos tremendas amenazas cuando informamos en la Universidad atropellos que a todos nos conciernen?” (....) “Siempre me he sentido solidaria con los condenados y explotados de la tierra aunque la determinación de situarme de su parte, con todas las consecuencias, la tomé después de la muerte de un guerrillero en Bolibia”

Palabras para los Camisas Rojas, para Irak, para Palestina, para Irlanda, para Euskal Herria...”Falta ya de lenguaje para propagar los horrores a los que estoy asistiendo, cansada de publicar aburridísimos artículos que se repiten, sin saber que estructura dar al ensayo para que obligue a la reflexión, ni que formula impactante aplicar al cuento, y no siendo poeta, no hago más que buscar brechas por las que deslizar la misma denuncia de siempre: que la tortura sigue, para silenciar y paralizar a los pueblos en marcha, y que lo que está ocurriendo en las cárceles de la democracia es difícil de contar.”

Palabras para pensadores domesticados, columnistas del eslogan, para los amantes de la alta velocidad, a los que siempre les falta el tiempo. “Esa conversación exige muchas horas porque hay muchos problemas que se me han quedado en el aire. Aunque todos giran en torno a la necesidad de conocer los problemas, de desentrañarlos minuciosamente, de conocer para ser libres, en suma. De volver a investigar los problemas desde esa libertad que tanto cuesta ganar. De llegar más a fondo aún, de ser más libre todavía. Y así, paso a paso, ir liberándose y conociéndose y adquiriendo el compromiso de ser un ser humano.”

Palabras para el pueblo griego que combate. “A todos nos une y nos hermana esa gran fuerza común de soñar juntos en un mundo mejor en el que el ser humano lo sea de verdad. Que, lo repito con insistencia, la solidaridad es algo muy grande que comunica fuerza, fuerza que nos permite hoy aquí, en este pequeño rincón mitad isla, mitad trinchera, sentir que realmente somos una familia como una estrella roja: un solo corazón y cinco puntas en lugares distintos mirando el infinito; un universo de posibilidades”

Silencio para los pueblos del Estado español que aún duermen su placida siesta.

 

 

Necesitamos tanto a Eva 

Luis Alegre Zahonero y Carlos Fernández Liria

 

 

Eva se apresuró a publicar nuestro libro Comprender Venezuela, pensar la Democracia y se empeñó en que lo publicaran en Venezuela, aprovechando para entregárselo a Farruco, el ministro de cultura, en cuanto tuvo la menor ocasión. Al día siguiente visitamos las barriadas de Caracas. Había mucha fuerza en su mirada y mucha esperanza por esa revolución que en el 2006 estaba todavía en su apogeo. A veces, Eva nos miraba también con una sonrisa pícara, como si se hubiese salido con la suya: el libro estaba ya en manos de Farruco: eso la hacía muy feliz. Seguramente hay que ser editora para sentir tanto entusiasmo por sacar un libro adelante. Pero Eva estaba, ante todo, trabajando por una revolución. Jamás podremos sentirnos tan orgullosos como ese día en que Eva nos decía con la mirada que nuestro libro iba a ser partícipe de un proceso revolucionario.

La fe de Eva abría un mundo de posibilidades. Mientras ella estuviera allí creyendo en una revolución, era imposible el desánimo.

*****

Desde que murió Eva hace ahora 3 años, las cosas han ido de mal en peor. El sistema financiero quebró y le “inyectaron” miles de millones de nuestro bolsillo. Dijeron que lo “inyectaban” para no decir que lo “pagaban”, porque en ese caso quizás nos habría parecido lógico quedarnos con los bancos (apelando a ese básico principio liberal de que “quien lo paga se lo queda”). Pero en vez de quedarnos con la banca que habíamos comprado, se nos obligó a prestarle dinero a un interés ridículo. Inmediatamente, ese mismo dinero se lo pedimos prestado, pero esta vez a un interés desorbitado. Esta operación encaja mal en cualquier código mercantil (y perfectamente en cualquier código penal), pero se llevó a cabo sin resistencia. Cuando la caja se quedó vacía, dijeron que había que apretarse el cinturón, y se lo apretaron a los funcionarios, a los ancianos, a los dependientes y, para redondear, a los receptores de los fondos de cooperación. Es como si se hubieran enterado de que Eva ya no estaba y ahora se atreviesen a hacer cosas a las que en ningún caso se atrevieron durante las décadas en las que Eva estuvo pendiente.

Quizá no parezca una hipótesis muy realista. Ya sabemos que para entender lo que está pasando hacen falta explicaciones más serias y más estructurales. Sin embargo, cuando uno recuerda la fuerza de Eva, no puede evitar preguntarse ¿se habrían atrevido a hacerlo si Eva estuviese aquí? Sabemos que es una pregunta muy ingenua, pero nos acordamos de Eva y nos parece verosímil, ¿de verdad se habrían atrevido? ¿Y se atreverían si nosotros tuviésemos la fuerza de Eva? ¿Se atreverían si cientos de nosotros tuviésemos una centésima de su fuerza? ¿Y si hubiese miles con una milésima? ¿Cuántos millones con una millonésima de la fuerza de Eva harían falta para que ya no se atrevieran? En todo caso, la cosa pinta mal: necesitamos a Eva más que nunca y no la podemos recuperar ni la podemos sustituir. Como mucho, nos podemos organizar.

 

 

Lo último que me enseñó Eva 

Pascual Serrano

 

 

La pérdida de Eva Forest y los días precedentes mi pillaron en Caracas y en Cochabamba, en unas jornadas internacionales sobre comunicación organizadas por Telesur y un un encuentro de la Red en Defensa de la Humanidad. Allí, tan lejos de su Hondarribia, pude comprobar el cariño que despertaba Eva. Sabedores de que estábamos en contacto con la familia para conocer el desarrollo de su enfermedad, no dejaban de preguntarnos por ella. Lo hacían desde ministros hasta secretarias, desde ejecutivos de televisión a redactores. Eran gentes procedente de países diversos, me preguntaba un escritor europeo, un profesor argentino, un cineasta boliviano o un activista social venezolano. De modo que comprobé que la admiración y afecto por Eva no conocía fronteras, ni geográficas ni de clase social ni status.

Eva, que tanto había luchado por la igualdad de los pueblos y contra las diferencias de clase, había conseguido la victoria, mediante el cariño que despertaba desaparecían las fronteras y las clases. Todos se sentían cerca de ella, todos la admiraban y la querían. Claro, que para poder comprobar ese cariño hace falta estar entre las personas que siguen creyendo en la justicia y la igualdad. Entonces aprendí que cuando nos veamos rodeados de gente que quiere a Eva, es que estamos en el lugar adecuado.

 

 

Carta abierta a Alfonso Sastre

Tres años sin Eva, con Eva 

Irene Amador y Carlo Frabetti

 

Queridísimo Alfonso:

Llevamos ya tres años sin Eva, sin su voz, sin su risa y su sonrisa, sin su mirada penetrante e irónica, sin la fuerza arrolladora con la que abría camino… Si para sus amigos y amigas su ausencia es un abismo que, lejos de menguar, se agranda con el tiempo, ¿qué no será para ti?

Pero cuando, inconsolables, nos asomamos a ese abismo sin fondo, lo encontramos poblado de palabras luminosas y de imágenes elocuentes. Hay recuerdos estáticos y grises como viejas fotografías; pero el recuerdo de Eva es una vívida sucesión de escenas animadas y llenas de colores, entre los que destacan con luz propia el azul de sus ojos transparentes y el rojo de su lucha infatigable, que es la nuestra. No pudieron con ella las decepciones, las mentiras, las torturas, la sucia baba de los cobardes y los traidores, y no ha podido con ella ni la muerte. Sigue a nuestro lado, contagiándonos su vigor inagotable, su determinación rotunda. Estaba con nosotros y nosotras en las trincheras de Iniciativa Internacionalista, y sobre todo contigo, nuestro capitán, redoblando tu valor y tu valía, sosteniendo tu brazo. Y sigue a nuestro lado en esta durísima batalla, que podría ser la definitiva, contra los enemigos de los pueblos del mundo.

Tres años ya sin Eva, Alfonso, con Eva en el corazón y en la bandera. In memoriam, in amorem, in bellum.

Con toda nuestra admiración, nuestra gratitud y nuestro cariño,

Irene y Carlo 

 

 

Eva, je pense souvent à toi
M
ichel Collon



Nous sommes à la fin de 1974. Je m¹en souviens comme si c¹était hier. Il
fait nuit. Tout jeune militant, protégé par deux guetteurs, je peins «Liberté pour Eva Forest » sur les murs de Bruxelles. Et aussi « A bas Franco!». Eva, je ne l¹ai jamais rencontrée, mais son combat est déjà devenu le mien, son courage me donne de la force 18 ans plus tard, au printemps 1992. Mon téléphone sonne : «Allo, je suis Eva Forest». Il me faut un bon moment pour me ressaisir. «La» Eva Forest? «Oui, je suis éditrice en Espagne et j¹aime beaucoup ton livre Attention, médias!, je voudrais le publier». Une amitié commence. C'est Eva qui va éditer en espagnol mes trois livres sur les stratégies de guerre et de désinformation des Etats-Unis : ¡Ojo con los media!, El Juego de la mentira (c'est Alfonso qui a trouvé cet équivalent au Poker menteur français) et Monopoli­La Otan a la conquista del mundo. Sa détermination et son engagement inlassable vont permettre d¹alerter le public hispanophone contre les mensonges médiatiques. Et de mobiliser pour construire une information critique. Le début d'un long combat.


Fin des années 90. Sur les routes enneigées du beau pays basque, Eva me
conduit vers le lieu de ma prochaine conférence... Découvertes, colères communes, projets d'avenir : durant tout le trajet, nous discutons avec passion. Parfois, Eva me semble davantage concentrée sur la conversation que sur sa conduite, et je ne suis pas toujours rassuré. Mais nous arrivons à bon port et ensemble, nous allons, encore une fois, porter le message, écouter questions et témoignages, nouer des contacts, développer le réseau.

 

Avril 2002. Un autocar à travers le désert irakien. En une tentative désespérée pour arrêter la guerre de Bush, nous avons appelé à une « mission de paix » qui rassemble 120 personnes venues de 17 paix. Eva est au premier rang du car, juste à côté d'une scientifique belge Lise Thiry. Les deux plus âgées de notre groupe, mais alors que nous nous assoupissons tous de fatigue, elles vont parler toute la nuit, échangeant leurs expériences et refaisant le monde. A la veille d¹entrer en enfer, les Irakiens ont su que des Européens n¹acceptaient pas les mensonges de Bush. Tous nous ont dit qu¹ils ne se laisseraient jamais faire.

Novembre 2004. Eva m¹appelle (nous avons pris l
'habitude de nous téléphoner régulièrement). C'est pour m'inviter : «Michel, tu dois absolument venir avec nous découvrir le Venezuela!» «Eh bien, c'est que j'ai énormément de travail en ce moment» «Non, non, c'est très important, il faut que tu viennes!» Qui peut résister à Eva? Un mois plus tard, grâce à elle, je découvre Chavez, les Vénézuéliens et l'espoir nouveau de l'Amérique latine. Mon livre Les 7 Péchés d¹Hugo Chavez sera dédié à Eva.

Septembre 2005. La Nouvelle-Orléans vient d
'être dévasté par l'ouragan Katrina. Ou plus exactement par la politique criminelle de George Bush. Eva m'appelle: «Michel, tu dois absolument écrire sur cette affaire, elle est tellement révélatrice des crimes du capitalisme!». Le moment est difficile, ma fille Marie vient de mourir dans des circonstances dramatiques, à l'âge de 27 ans, et je suis au plus bas. Mais Eva et ma compagne parviennent à me rendre des forces. Grâce à elles, le livre Bush le cyclone tentera de rendre justice aux victimes. Que tant de souffrances servent au moins à éclairer sur les lois impitoyables du monde où nous vivons.

Durant les mois suivants, nous nous nous reverrons en divers endroits du
monde. Et aussi, en automne 2006, en cette magnifique maison d'Hondarribia, où il fait si bon se retrouver avec Eva et Alfonso. Des journées remplies de
souvenirs, d
'émotions et de projets. Des journées qui donnent toujours de la force.

19 mai 2007, je viens d
'arriver à Caracas. Demain, ce sera le deuxième anniversaire de la mort de ma fille Marie, et je ne cesse d'y penser. Avec tous les invités internationaux du réseau En Defensa de la humanidad, nous sommes accueillis sur la scène du grand théâtre Teresa Carreno par Chavez et les amis vénézuéliens. Durant la séance, Abel Prieto, ministre cubain de la Culture, se penche vers moi et m'annonce la terrible nouvelle: «Pour Eva, c'est fini». Je ne peux m'empêcher de pleurer.

Mais ce n
'est pas fini! Eva est toujours présente dans le coeur de nous tous qui l'avons connue et aimée. Elle vit dans nos combats. Je pense souvent à elle, et elle me donne encore de la force. Comme en 1974.

Nous aussi, un jour, nous passerons le flambeau aux suivants. Mais c
'est grâce à des combattants courageux comme Eva que l'humanité sera un jour libérée.