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COLECCIÓN PENSAR

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"La técnica y el tiempo. La desorientación"

Bernard Stiegler

Obra en 3 volúmenes (vol. 1 ver en página anterior, vol. 3 ver nº10 de esta colección)

Si El pecado de Epimeteo se proponía demostrar que el hombre está necesitado de orientación (de asistencia técnica en el extravío de su naturaleza) porque está originariamente desorientado, la segunda parte de la obra de Stiegler nos enfrenta a la particular desorientación de una época, sometida a la industrialización de la memoria, en la que el tiempo devora el espacio y de la que, por tanto, están ausentes los puntos cardinales. Las nuevas técnicas analógico-numéricas de tratamiento y conservación del saber, que cubren todo el campo de las ciencias, desde la biología hasta la producción militar, implican la generalización industrial de eso que Husserl llamaba objetos temporales. En el marco del nuevo calendario el flujo de conciencia de la colectividad mundial coincide con las emisiones temporales de los productos de las industrias de programas, con la consiguiente subversión del concepto mismo de acontecimiento. La posibilidad de juzgar, de tomar decisiones, de mantener abierto el espacio de la polis (inseparable de esa técnica primera que fue la escritura) en el tiempo real de las nuevas tecnologías es el reto que nos obliga a asumir Stiegler a partir de una historia de la imagen y de la escritura sobre el fondo o contra él del pensamiento fenomenológico. La tercera parte de La técnica y el tiempo, titulada El Cine, acaba de aparecer en Francia.

Filósofo francés, doctor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Es profesor de filosofía en la Universidad de Compiègne, donde ha creado la unidad de investigación COSTECH (Conocimientos, organizaciones y sistemas técnicos). Ha dirigido numerosos programas de investigación en el ámbito de las técnicas numéricas aplicadas al texto, la imagen y el sonido y ha colaborado con Jacques Derrida en la redacción de varias obras sobre la televisión y las nuevas tecnologías. De 1996 a 1999 fue director general del Instituto Nacional de Medios Audiovisuales (INA) y en junio del 2002 fue nombrado director del prestigioso Instituto de Investigación y Cooordinación Acústica/Música (IRCAM), fundado por Pierre Boulez.

Nº de páginas: 384
PVP:  19 ¬

Comentario sobre la obra

STIEGLER: PENSAR LA TECNICA, PENSAR LA POLITICA

Mario Sei

Publicados en la colección Pensar de la editorial Hiru, acaban de aparecer los dos primeros volúmenes de La técnica y el tiempo, del filósofo francés Bernard Stiegler, ya traducido al inglés y al alemán. Profesor en la Universidad de Compiègne desde 1988, Stiegler es informático además de filósofo. De 1996 a 1999 dirigió el Instituto Nacional Francés de Medios Audiovisuales (INA) y desde diciembre del 2001 es director del Instituto de Investigación y Coordinación Acústico-Musical (IRCAM). En colaboración con Derrida ha publicado Ecografía de la televisión.

La técnica y el tiempo es una profunda reflexión sobre la naturaleza del objeto técnico y sobre las características de la técnica contemporánea que radicaliza cuestiones de una actualidad extrema, pero que el alud de discursos y ensayos sobre las nuevas tecnologías apenas si mencionan.

Desde sus orígenes, el pensamiento filosófico ha considerado la técnica o con desprecio, como lo opuesto del saber epistemológico y verdadero, o con desinterés, dado que el instrumento técnico se inscribía en la categoría trivial y neutra de los medios destinados a realizar objetivos planificados previamente por la razón. Este descuido de la tecnicidad de la existencia parece extraña si nos atenemos al hecho de que el propio pensamiento griego, en uno de sus más famosos mitos, el de Prometeo, había asociado indisolublemente el nacimiento del hombre al nacimiento de la técnica. Apoyándose en las investigaciones de Jean-Pierre Vernant, Stiegler nos ofrece una brillantísima lectura de este mito, el cual es confrontado con la analítica existencial heideggeriana para señalarnos sus límites. Ni Heidegger ni Habermas pueden ayudarnos, según Stiegler, a indagar en profundidad la paradoja que ambos, sin embargo, han revelado: el hecho de que la técnica parece haber dejado de ser una potencia del hombre para convertirse en un sistema autónomo y transformarse en una potencia contra el hombre. Y si Marx representa sin duda una ruptura respecto del pensamiento tradicional y un punto de referencia esencial, la comprensión de la técnica que el pensamiento marxista nos ofrece sigue refrenada en el sentido de la relación entre medio y fin.

Es la antropología de Leroi-Gourhan la que proporciona a Stiegler numerosas sugerencias para elaborar su propio pensamiento. La técnica es entendida, en general, como un proceso de exteriorización que consiste en la fijación de gestos, prácticas, pensamientos, en la materia orgánica. La piedra, la madera, el hueso, transformados en heramientas, se convierten en la "interfaz" mediante la cual la materia viva que es el hombre entre en relación con el ambiente circundante. El objeto técnico es una concretización del gesto y en este sentido, a partir de las primeras flechas de silex tallado, el gesto trasnformado en objeto- entra en la historia o, más exactamente, constituye en el sentido estricto de la palabra la historia en cuanto tal. La materia orgánica organizada en la herramienta, precisamente en la medida en que deviene externa, asume una autonomía propia e introduce en la historia de la vida un proceso evolutivo entre hombre y ambiente que podríamos definir como dialéctico, en el sentido de que la primera herramienta es también el primer objeto para un sujeto. El yo y el otro nacen, en efecto, inevitablemente juntos, y la transformación del uno implica la transformación del otro. La técnica es una continuación de la vida con otros medios que la vida misma. Si, en efecto, la continuidad de la vida orgánica depende de una memoria genética que transmite los caracteres de la especie (genotipo) en los cuales se insertan elementos individuales (fenotipo), la técnica es por tanto un tercer tipo de memoria inscrita en los soportes de la materia orgánica. Sólo la existencia de esta memoria artificial nos autoriza, en el caso del animal "hombre", a afirmar una evolución "cultural" e histórica. En este sentido, son particularmente apasionantes los capítulos que Stiegler dedica al análisis del fenómeno de la escritura y al nacimiento de las primeras idealidades matemáticas.

Concebir la técnica como depósito y sedimentación de la memoria significa asimismo ver en cada sistema técnico constituido un conjunto de gestos, de prácticas, de saberes, que existen siempre antes del nacimiento del individuo singular. Es sobre este material pre-existente que cada hombre encadena su propia existencia, se constituye como sujeto y se experimenta al mismo tiempo como igual y como diferente respecto de los miembros de la comunidad a la que pertenece. Estructura ésta que es también la del lenguaje, pero que el lenguaje, al contrario de lo que cree gran parte de la filosofía analítica, no puede producir por sí solo.

Si la exteriorización técnica debe ser concebida en los términos de memoria "objetiva" y colectiva, ¿qué consecuencias comporta una prodeucción industrial de la misma? Cuestión que asume inmediatamente una dimensión política. Desde la revolución industrial, pero en modo crucial tras la segunda guerra mundial, la sociedad humana se ha precipitado en un ritmo de innovación permanente: si hasta el siglo XIX la estabilidad era la regla y la transformación la excepción, hoy la relación se ha invertido y es la estabilidad la que se ha vuelto excepcional. Si hasta ayer la ciencia aseguraba tener como objetivo esencial la descripción de las leyes invariables del ser, hoy como nunca antes, fundida con la técnica y dependiente del aparato industrial, la tecno-ciencia es el principal factor de transformación e innovación. Las biotecnologías no son más que la punta del iceberg: el "decir" de la ciencia es un "hacer", lo descriptivo es performativo. Por lo demás, resulta ya incontestable que el único motor reconocible del proceso general de innovación es la rentabilidad, es decir, la posibilidad de convertir cada cosa en ese equivalente general que es el capital, el cual funciona en simbiosis con ese otro factor que se ha convertido en otra fundamental unidad de medida: la información. Habiendo sido siempre "memoria artificial", la tecnología contemporánea conoce posibilidades de almacenamiento y producción incomparables por relación al pasado, pero son precisamente estas enormes posibilidades las que hacen aún más acuciante la cuestión política en efecto- de los criterios de organización y de selección de la memoria.

Stiegler analiza como informático, y no sólo como filósofo, la temporalidad específica que las nuevas tecnologías ponen en obra. A través de un profundo re-examen de la temporalidad de la conciencia tal y como fue descrita por la fenomenología de Husserl, se interroga sobre la posibilidad de elaborar una síntesis, es decir, sobre la posibilidad de ejercitar la facultad del juicio en la tentativa de superar la desorientación en la que nos sentimos sumergidos. La técnica y el tiempo, por el modo en que entrelaza los capítulos más significativos de la tradición filosófica con la situación contemporánea constituye y lo será por mucho tiempo- una obra fundamental capaz de suscitar los más profundos interrogantes.

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