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COLECCIÓN FICCIONES

30

"Bilbao, ciudad abierta"

Esther Zorrozua


Bilbao, ciudad abierta busca ser un reconocimiento y un homenaje personal a esta villa a través de sus tradiciones, pero sobre todo a través de su presente. Es también una historia íntima, desde la óptica de quien la describe, tejida sobre la urdimbre de distintos barrios bilbaínos por un repertorio de personajes tal vez aleatorios, pero siempre representativos del Bilbao de hoy, que nos hacen partícipes de su cotidianeidad, de sus frustraciones y de sus expectativas.
Sobre la base de doce relatos interconectados entre sí por un cierto ambiente y por los doce protagonistas que se tienden la mano en momentos concretos, se trata de transmitir al lector el carácter de una ciudad abierta a todos, acogedora y hospitalaria, con sus virtudes y sus defectos, pero, por encima de todo, singular y humana en sus gentes.
Guarda asimismo el propósito explícito de reivindicar Bilbao como espacio literario tan digno y tan fértil como París, Londres o Nueva York. En Bilbao también pasan cosas, suceden historias emotivas e historias terribles, y es caldo de cultivo de personajes literarios tan válido como cualquier otro.

“Fue Unamuno quien enmarcó en certeras palabras la sensación de muchos al dejarnos escrito que cualquier población, aldea, villa, ciudad o gran capital guarda para quien en ella ha amado o sufrido noblemente -porque hay sufrimientos innobles- encantos de recuerdos insospechados para los que sólo recorren el mundo o como una venta de placeres o como un escenario de la historia.
La autora de estos cuentos nos muestra precisamente parte de esos encantos del Bilbao más reciente, que es en el que ella ha nacido, amado y sufrido a diario, ese Bilbao que sabe ser como una madre generosa que acoge y que, poco después, te puede morder las entrañas, esa ciudad irrenunciable para quien ha nacido en ella, por expresarlo con sus propias palabras”.
Seve Calleja

Nº de páginas: 312
PVP:  17  ¬

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2006/12/10
Txani Rodríguez

Tras La casa de la Galea una novela publicada también por Hiru que reflejaba a la alta burguesía de Neguri, la escritora Esther Zorrozua se ha quedado en Bilbao, el lugar donde nació para contarnos doce historias que rinden homenaje a la Villa. Si echamos mano de Unamuno, podemos decir aquello de que el universo cabe en nuestro propio pueblo. Y sin duda, aunque por Bilbao, ciudad abierta desfila una galería de personajes estrechamente vinculados a la idiosincrasia de la ciudad, los problemas y las alegrías de los protagonistas se comparten en medio mundo. Y sin ser, en conjunto, un relato tan duro como la soberbia película de Roberto Rossellini a la que alude el título, la condición humana y sus miserias no son ajenas a las páginas de este libro.

Vayamos pues a la parte esencialmente bilbaína de estos relatos. Txikiteros, azafatas de una conocida pinacoteca, jóvenes skaters, un literario limpiabotas de La Granja, una solitaria empleada de una caja de ahorros y otros muchos seres pasean o se arrastran, viven o malviven por calles y
barrios extraordinariamente familiares para los bilbainos.

Esther Zorrozua conoce bien su ciudad y sabe describir en pocas líneas las singularidades de cada barrio, de cada ambiente. Hay cierto costumbrismo en sus retratos, a pesar de estar ubicados en el presente y de no acusar, por tanto, de una nostalgia excesiva. Incluso podría hablarse de naturalismo radical debido a la sordidez de algunos ambientes y sobre todo a la actitud de algunos personajes. Quizás, en algún relato, la necesidad de dar a conocer las singularidades del botxo a todos los lectores, incluso a aquellos que, si me lo permiten, tengan la mala suerte de no ser de Bilbao, genera que halla demasiadas explicaciones en torno a tal o cual uso o costumbre en boca de los personajes. Pero lo cierto, es que los relatos son solventes, están bien articulados y bien escritos. No son historias de finales sorpresivos ni forzados, sino que el desenlace se desliza de forma sutil. Zorrozua usa una especie de polaroid literaria para ponernos frente a sus personajes, que bien podrían ser nuestros vecinos o tipos con los que nos cruzamos por la calle.

En cuanto a la vertiente humana que este libro encierra y que no es ya consustancial a la Villa, sino a la propia condición de la persona, la autora nos habla de la amistad, de los primeros amores, de corazones rotos, de soledades, del culto a la apariencia, de los esclavos de cierto estatus, del acoso sexual en el lugar de trabajo, del dolor que las drogas inyectan a una madre que ve perderse a quien más quiere, de la frustración de un matrimonio que no puede tener hijos. De la vida, en definitiva, que se empeña en dar golpes dentro y fuera de Bilbao, pero que también nos proporciona grandes alegrías y esperanzas.

En definitiva, podemos decir que la ciudad del sirimiri y la del bochorno, la de los más acomodados y la de los que siguen luchando, se reúnen e interconectan en Bilbao, ciudad abierta gracias a la mirada atenta y a la empatía de Esther Zorrozua.


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