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COLECCIÓN FICCIONES

21

"Zabiba y el Rey"

Mohamad Alsaqar - Saddam Hussein

 

De esta novela filosófica, que ha sido llevada con gran éxito al teatro en Bagdad, dicen los iraquíes que su autor es Saddam Hussein. Mientras se resuelve este enigma literario y político, he aquí su texto íntegro, que está incurso en la tradición árabe del pensamiento narrativo –del saber narrativo, que han dicho ahora los teóricos de la posmodernidad–, una de cuyas obras maestras fue en Al Andalus El filósofo autodidacto de Abucháfar Abentofáil (siglo XII). De Zabiba y el Rey se podría decir que es algo así como la noche 1002 de Scherezade. Una noche en la que el pueblo –simbolizado por Zabiba– debate con el Rey sobre todas las cuestiones de la vida, de la política, de la justicia, de la libertad y de la muerte.

Nº de páginas: 286
PVP:  13 ¬

 

Comentario sobre esta obra

SADDAM HUSSEIN, NOVELISTA

Zabiba y el Rey

Mohamad Alsaqar (¿Saddam Hussein?)

 

¿Es o no es Saddam Hussein el autor de esta novela que cuenta las relaciones de una hija del pueblo, Zabiba, y un Rey en un espacio-tiempo indeterminado? Sí, todo parece acreditar que Saddam Hussein es el autor de esta novela, y ello nos remite a muchos casos de políticos que se dedicaron a la literatura y de escritores que lo hicieron a la política, y también a casos de oportunismo como el de la Academia Sueca que convirtió a Wiston Churchill en un escritor estupendo, otorgándole el Premio Nobel de Literatura. Pero también están casos ilustres como José Martí, alto dirigente político y militar de la independencia de Cuba, o Leopold Sedar Senghor, que, además de un gran escritor, fue Presidente de la república de Senegal, su país, durante veinte años.

¿Saddam Husein es un gran escritor? No diría yo tanto, pero sí que, puesto a escribir un relato de ficción, no lo usa para apoyar su propaganda política, al menos directamente. Esta novela no es un panfleto, sino que su texto se sitúa muy bien en cierta tradición de la literatura árabe (la novela filosófica), como dice con acierto una nota que acompaña a esta rara edición: "una de cuyas obras maestras fue en Al Andalus El filósofo autodidacto de Abucháfar Abentofáil (siglo XII)".

La imagen de Saddam Hussein aparece aquí bajo una nueva luz, que resulta extraña sin duda, pues no se sabe cómo entender la delicadeza de esta historia, aplicada a la imagen de un guerrero represor y casi demoníaco, que es la más circulante. ¿Guerrero? ¿Terrorista? ¿Responsable de gases mortales? ¿Pero también artista de la prosa, si se habla de la literatura, y socialista árabe, si se habla de la política? Algo añade esta novela a la posible dilucidación de tan contradictoria figura, pero sobre todo al establecimiento de su esencial complejidad.

Es curioso el carácter ambiguamente filosófico o poéticamente polisémico de estas fascinantes páginas, en las que Zabiba, la mujer del pueblo convertida en favorita del monarca, saliente de un episodio terrible -su violación-, en lugar de ponerse a dar gritos y a llorar desesperadamente, se pone a pensar, y además cosas como ésta: "Incluso un animal tiene en cuenta el deseo de una persona cuando se dispone a poseerla. En las montañas del norte de Iraq o en las aldeas próximas, cuando una osa apresa a un pastor lo lleva hasta su cueva para obligarlo a poseerla y satisfacer así sus deseos. Para ganar el deseo del pastor la osa lo alimenta con nueces recogidas de lo alto de un árbol o del suelo, y por las noches intenta robar de las casas de los campesinos queso, almendras, nueces e incluso uvas pasas". Etcétera.

Un mensaje político, que puede asociarse a la amenaza y al acoso a que estaba sometido el país cuando Saddam Hussein escribió su novela, y que propondría a su pueblo una resistencia hasta la muerte -una resistencia numantina-, está acaso en pasajes como aquel en el que Zabiba dice haber resistido a la violación con todas sus fuerzas: "Pero yo resistí hasta que mi cuerpo se llenó de heridas y perdí todas mis fuerzas casi como si fuese un cadáver. Sí, me convertí en un cadáver. ¿Puede ser un cadáver humillado por la violación? ¿Puede una patria ser humillada cuando su pueblo ha sido exterminado y no queda quien sea capaz de llevar las armas?"

En el final del capítulo XX de la novela, cuando Zabiba ya ha muerto en un combate por la defensa del reino contra sus enemigos del exterior y del interior, las gentes del pueblo hacen declaraciones como ésta: "Todos seremos guardianes de los principios que sus héroes y mujeres gloriosas, estén en la vida o junto a Dios, han dado a Iraq".

La historia de amor entre el Rey y Zabiba, es muy pulcra y respetuosa, y muy tierna. La calidad de Zabiba y la entidad de sus reflexiones se impone a la majestad del Rey, y su mensaje redunda en una crítica de la monarquía, que convive con el amor a la persona de este rey. ¿Pero qué se defiende? En definitiva, una dialéctica de Pueblo y Poder personal (el Rey). Pero habrá que acudir a los escritos políticos de Saddam Hussein para hallar formulaciones políticas propiamente dichas. Por ejemplo: "La Revolución no ha sido realizada por esfuerzos del Partido Baaz Árabe Socialista aisladamente sino por el papel del pueblo y de las fuerzas patrióticas". Con todo lo dicho, esta novela no deja de ser un enigma que probablemente, a estas alturas de la historia de Iraq, nunca se aclarará del todo.

 

Roke Aldekoa

 

Se agota de nuevo en Iraq "Zabiba y el rey", la novela de amor escrita por Saddam Hussein

Robert Fisk
La Jornada/Rebelión
18/07/2004

En la calle de Al Mutanabi, el vendedor de libros de Bagdad lo sabe todo. Hasta puede explicar por qué la novela rosa de Saddam Hussein, Zabiba y el rey, se ha agotado de nuevo. Nabil Hayawi vendió mil 500 ejemplares -lo que convierte esa obra en un verdadero best-seller en Irak- y está esperando que llegue la tercera edición del libro, impresa en Beirut.
"Los iraquíes educados lo compran porque quieren leer entre líneas", dice. "Los menos educados quieren saber lo que pasaba por la mente de Saddam. Cuando Caryl Chessman escribió su libro en el pabellón de la muerte también fue best-seller aquí". Chessman fue ejecutado. ¿Y Saddam Hussein?
El librero de Bagdad tiene interés en estas cosas porque él ha sido juez de la corte, y escritor, y tuvo el dudoso privilegio de juzgar a Watban Hassan, medio hermano de Saddam, en una disputa empresarial. Ahora está escribiendo a marchas forzadas libros sobre la nueva Constitución de Irak y logrando ingeniosos trabajos sobre la ilegalidad de las normas impuestas por el ex procónsul estadunidense Paul Bremer, así como un hermoso testimonio en primera persona de la invasión contra Irak en 2003 titulada 45 días.
Hayawi afirma que el juicio a Hussein es un teatro. "Dado que se le dio a Saddam estatus de prisionero de guerra, el derecho internacional dice que debe ser devuelto a su país y se le debe restituir su viejo empleo. No quiero que esto suceda, pero es lo que estipula el derecho internacional."
Saddam no es el único cuyas obras se venden en la librería de Nabil Hayawi. Hay pilas de ediciones del Corán, tratados científicos, poesía árabe y traducciones de las obras completas de Shakespeare o Shaikspir, como se traduce su nombre en los textos árabes. La mañana del viernes los compradores de libros examinaban un nuevo volumen titulado Mujeres famosas, que relata las vidas de la reina Shejerat Aldour de Irak, la reina Zenobia de Siria, Nefertiti y Helena de Troya. Entre las obras más populares están las del fallecido poeta sirio Nezar Kabbani y del joven proselitista y clérigo islámico Amro Khaled. Quedaron atrás los días de la censura, por supuesto, pero Hayawi tiene sentimientos encontrados sobre esto.
"Durante el régimen de Saddam teníamos la censura y los agentes de inteligencia venían a la tienda regularmente para cerciorarse de que no tuviéramos libros ilegales. Sabían lo que estaban buscando. Tuvimos problemas cuando se vendió un libro sobre los wahabitas, después de que éste se prohibió. El conflicto es que necesitaríamos nuevamente de la censura porque hay libros en venta que afectan nuestras costumbres y nuestra moralidad. Cuando mis hijos salen a comprar DVD tengo que ir con ellos para asegurarme que no compren cosas malas por error. Algunos de los libros que llegan tratan de provocar malos sentimientos entre sunitas y chiítas.
Ahí lo tenemos de nuevo. Los iraquíes quieren seguridad más que democracia, censura en vez de libertad total. Uno escucha esto en las tiendas, en los funerales, en las librerías.
El libro sobre los wahabitas fue prohibido en 1990, en una época en la que Saddam -y Washington- se dieron cuenta de que los simpatizantes de ese movimiento (incluido Osama Bin Laden) se oponían al régimen de Irak y al de Estados Unidos.
Por fortuna para el señor Hayawi, sus propios tratos con la familia de Hussein terminaron sin consecuencias. "No había suficiente evidencia contra Watban y el caso no procedió. Me transfirieron al Ministerio de Justicia, pero renuncié porque me acusaron de tratar de organizar una huelga de abogados."
Así, un poco de libertad circula por la encerrada librería del señor Hayawi. "La gente viene a comprar libros sobre derechos humanos, libertad y religión, y muchos vienen a leer libros sobre la guerra. Esta libertad es nueva para ellos."
Un vistazo a los libreros dice mucho sobre el mundo árabe. Los libros infantiles vienen de Siria, las novelas y romances vienen de Líbano, los libros científicos se publican en Irak. Pero 80 por ciento de los libros sobre religión se imprimen en Irán donde, sorpresa, el gobierno subsidia textos sobre el Islam chiíta en árabe, al tiempo que retira del mercado iraquí volúmenes árabes más caros.
Nabil Hayawi me obsequia una botella de limonada helada y un vaso de té muy caliente. "Usted tiene que entendernos a nosotros los iraquíes", dice. "Somos así, nos gusta lo muy caliente y lo muy frío al mismo tiempo".

En España, "Zabiba y el rey" está editada por Hiru hace un año http://hiru-ed.com/ y firmada por el pseudónimo Mohamad Alsaqar. En ella, la editora Eva Forest cuenta cómo un árabe le entregó en Bagdad el manuscrito pidiendo mantener al anónimato del autor, si bien le reveló a la editora la identidad del escritor.  

©The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca
 

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